¿Debería ser el parto motivo de preocupación?
El momento se acerca, pronto tendrás a tu bebé entre tus brazos. ¿Cómo saber si estás lista? ¿Cómo superar la ansiedad y el miedo?
La verdad es que realmente no vale la pena darle demasiadas vueltas a este asunto ni mucho menos dejarte asustar por la lluvia de comentarios que vendrán de todos lados. El parto es un proceso natural y tu cuerpo está perfectamente adaptado para dar a luz: los músculos son suficientemente elásticos, la pelvis le brinda el espacio justo al bebé para que pase y además, distintas hormonas ayudan a facilitar este proceso, entonces ¿Debería ser el parto motivo de preocupación?
Claro, cuando eres primeriza no sabes exactamente a qué te estas enfrentando y, aunque no sea tu primer bebé, te darás cuenta que cada embarazo es distinto. Prepárate física, mental y emocionalmente; ten en cuenta que necesitarás suficiente energía para no sentirte débil en el momento de dar a luz.
Si trabajas, trata de pedir tu permiso de maternidad entre la semana 32 y 34; de esta forma podrás usar tu tiempo para relajarte y alistar todo para la llegada del bebé (entre la semana 37 y 40).
Visualiza positivamente el momento del parto y, a partir del conocimiento de lo que sucederá, tendrás una perspectiva real de este gran acontecimiento. No te inventes historias ni te convenzas de que va a ser complicado y doloroso porque así lo único que lograrás será ponerte nerviosa y, con esto, inhibir ciertas funciones que tu cuerpo cumple para originar sensación de tranquilidad.
Si estás demasiado tensionada la reacción del cuerpo será producir adrenalina y esta sustancia lo que hará será agitarte aún más, influyendo principalmente en el aparato circulatorio, respiratorio y digestivo; liberarás más niveles de azúcar y aumentará la frecuencia cardiaca, el ritmo respiratorio y la presión arterial. Además, la adrenalina inhibe la acción de las endorfinas que durante el parto serán las encargadas de modificar tu manera de sentir el dolor, alterar la percepción del tiempo y el espacio, y estimular la sensación de bienestar.
Luego, si todo tu cuerpo está predispuesto naturalmente no tienes por qué estresarte. Respira y concéntrate en lo que pasa, no en lo que crees que va a pasar.