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Pasar por estos últimos meses no fue tarea sencilla. Tuviste que adaptarte a muchas modificaciones en tu cuerpo y ahora, que al fin tienes a tu bebé, vienen otra serie de cambios necesarios para recuperar tu estado natural. Evidentemente subsisten algunos kilitos y tanto la piel como los músculos de tu abdomen tuvieron que estirarse de forma que, ahora que ya no estás embarazada, tienen que reacomodarse y por eso te puedes sentir (y ver) más gordita. Si esto te está ocurriendo, no te angusties demasiado, ya que en este punto lo más importante es darle atención adecuada a tu bebé y dedicarte más tiempo. Este será un momento de adaptación y reencuentro contigo misma, con tu pareja y tu bebé. Así que manos a la obra, levanta ese ánimo y siéntete bien. - Lo primero que debes hacer es tener una alimentación balanceada que le dé a tu cuerpo la fortaleza que necesita para las largas jornadas. No dejes de lado el líquido, bebe mucha agua.
- Aunque te sientas débil o cansada no tienes porque quedarte en cama todo el tiempo o evitar salir. Inicialmente, toma ciertas precauciones, pero no dejes a un lado la actividad, ya que ésta, es también una forma de terapia.
- Sigue una rutina de ejercicios que implique algo de estiramiento y, según las indicaciones de tu médico, poco a poco introduce un esfuerzo físico.
- Mantén una postura adecuada: párate derecha, relaja los músculos del cuello y los hombros, contrae suavemente el estómago.
- Ahórrale trabajo a tu sistema circulatorio, descansa las piernas, busca una posición cómoda que no inhiba la correcta circulación de la sangre.
Aunque te quedes en casa todo el día, arréglate de forma que te sientas bien. Aprovecha el tiempo para usar algún tratamiento de belleza, lee un buen libro, alquila alguna película y relájate.
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